La Ciudad del Mundo

Hay conceptos recurrentes, que parecen haber llamado (y aún lo hacen) la atención a distintas personas en distintos lugares y momentos. Al hilo del anterior relato de Borges, donde referencias a objetos muy similares al Aleph aparecen en la antigüedad, engarzamos otro eslabón con una adaptación libre de un extracto de “The music of chance” (La música del azar) del genial Paul Auster.

El único objeto en la habitación era una enorme plataforma en el centro, cubierta con lo que parecía ser una miniatura a escala de una ciudad. Era algo fabuloso de observar, con sus curiosas cúpulas y edificios, calles estrechas y figuras humanas microscópicas, y conforme los cuatro se acercaban a la plataforma, Nashe comenzó a reir, impresionado por algo tan singular y elaborado.

“Se llama la Ciudad del Mundo“, dijo Stone modestamente….”me gusta trabajar en ello…..Es como me gusta ver el mundo. Todo en él ocurre al mismo tiempo“…

“…es algo más que un simple juguete”, dijo Flower, “es una visión artística de la humanidad. En cierto modo, es una autobiografía, pero por otro lado es lo que llamarías una utopía, un lugar donde el pasado y el futuro van de la mano, donde el bien finalmente triunfa sobre el mal. Si te fijas bien, verás que muchas de las figuras representan en realidad al propio Willie…”

Nashe señaló una zona vacía y preguntó que planes tenían para esa sección.

“La casa donde estamos justo ahora”, dijo, “La casa y después los campos y bosques, por ahí a la derecha” – apuntando en la dirección de la esquina opuesta – “Pienso hacer un modelo separado de esta habitación. Debo estar en ella, por supuesto, lo que significa que debo construir otra Ciudad del Mundo. Una más pequeña, una segunda ciudad que se ajuste a la habitación dentro de la habitación”

“¿Quieres decir, un modelo del modelo?”, dijo Nashe.muñeca rusa

“Exacto, un modelo del modelo. Pero debo acabar todo antes. Sería el último elemento, algo a añadir justo al final”

“Pero si hicieras un modelo del modelo, teóricamente deberías hacer un modelo incluso más pequeño de ese modelo. Un modelo del modelo del modelo. Y así sin fin”.

“Así tendría que ser, pero supongo que no podré pasar de la segunda etapa. Me refiero al tiempo. Me ha llevado 5 años hacer esto. Me llevaría otros cinco acabar el primer modelo. Si el segundo es tan difícil como supongo, necesitaría otros 10 años, quizá 20. Tengo 56 años ahora….”

En esta novela, Auster se acerca más que nunca a esa bella mezcla de filosofía y conceptos matemáticos que apuntan a la comprensión del infinito, a la influencia del azar en el devenir de los acontecimientos, al caos. En todo esto sin duda hay reminiscencias de Borges, pero también de otros autores que podrían formar parte de próximos eslabones de esta cadena…

Tenemos ya en dos pasos bastantes elementos de esta bitácora, que se construirá de forma recurrente, autorreferenciando sus propios elementos. Como una Ciudad del Mundo, un Aleph, un fractal, una muñeca rusa…

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Una respuesta a “La Ciudad del Mundo

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